01/Octubre/2004
Escribir un diario suele ser peligroso, pero también muy divertido y sobre todo terapéutico. Ademas es una buena manera de preservar los recuerdos...
Llevo cuatro días sola, mi mamá se fue a un congreso a no recuerdo donde y para ser sincera, ya comienzo a extrañarla; me siento sola, no tengo con quien hablar, decir animaladas; no hay nadie que me reclame por el tiradero que hay en la casa... No hay quien me moleste ni quien me pida un masaje de pies... Tengo que hablar con los cotorros y conmigo misma para no sentir tan raro el silencio que me rodea.
Y sin embargo, a la vez me encanta el hecho de estar yo sola; saber que tengo toda la casa para mi. Puedo poner música a todo volumen, cantar, rascarme la panza, leer en la madrugada, platicar con mi yo interno y pensar...
Pensar... yo siempre estoy pensando. A veces me pregunto como sería dejar mi mente en blanco durante un instante y es que, hasta cuando duermo mi mente no para, hay mil y un ideas bullendo dentro de mi cabeza, tantos sentimientos reprimidos, tantos recuerdos, tantas verdades ocultas, tantas cosas dentro de mi...
No recuerdo a ciencia cierta en que momento caí en la cuenta de que era diferente, creo que fue en algún momento durante mi niñez. Fui una niña solitaria, las circunstancias se prestaron para eso, fui hija única, criada por mis abuelos... las pocas personas con las que me relacionaba eran adultos, así que, desde niña aprendí a comportarme como un adulto más, mis diversiones consistían en explorar el terreno que rodeaba la casa, el cual yo con mis ojos de niña veía inmenso, mas aún cuando estaba lleno de árboles y toda clase de hierbas y plantas, cuando me aburría de esto siempre encontraba algún libro viejo y polvoso de los muchos que había embodegados y olvidados dentro de la casa. Esos libros fueron mi salvación, o tal vez mi perdición... depende de como se miren las cosas; los libros se convirtieron en mis mas queridos compañeros, me enseñaron mundos y realidades que mi infantil mente nunca hubiera imaginado y... hablando de imaginación, gracias a los libros esta se me disparó a niveles insospechados, que importaba que no hubiera niños de mi edad o que los adultos estuvieran demasiado ocupados para jugar conmigo, cuando yo sola podía recrear otras realidades y otros mundos mucho mas divertidos e interesantes...
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