Me llaman loca porque digo lo que siento...
me llaman loca porque no pienso como los demás...
me llaman loca porque voy contra la corriente...
Al anochecer me asomé a la orilla del lago,
y la Luna me devolvió mi reflejo;
mis ojos eran dos carbones encendidos,
y un instante después;
eran dos témpanos de hielo.
Mi cabello estaba enmarañado,
revuelto por el viento;
la sangre, hirviéndome en las venas
y en mi garganta, un grito,
un alarido contenido.
Al amanecer,
mi espíritu abandono mi cuerpo,
volando a otra dimensión, a otros mundos...
Las puertas de la percepción,
se abrieron de par en par;
y mis visiones se hicieron mas claras...
Entre las ruinas de un antiguo santuario me encontré,
escuchando los ecos de un viejo ritual;
cerré los ojos para no olvidarlo...
Y de pronto,
ante las puertas de una catedral me vi;
entré en ella y la luz de las antorchas me iluminó;
aspiré profundamente,
para guardar en mi mente
el aroma del incienso.
Y nuevamente me vi volando,
entre las nubes
confundiéndome con ellas,
ligera, libre...
hasta darme cuenta de que estaba
en un claro en medio del bosque,
a la orilla del lago,
iluminada por la Luna.
Frente a mi,
parada sobre un risco la vi;
iracunda, poderosa, implacable...
ahí estaba:
la hechicera mas poderosa de todos los tiempos;
la morrigna, la sacerdotisa, la bruja...
ahí estaba,
provocando una tormenta,
invocando a los espíritus;
fundiéndose con el entorno...
ahí estaba; era yo...

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