En un pedestal estaba,
intocable, inalcanzable, tan frágil;
una Criatura tan extraña, tan fría, tan rara.
-Déjame tocarte- él le dijo
-Tan solo rozarte, o tal vez
si tu quisieras, acariciarte, devorarte-
La Criatura solo lo miraba
abriendo sus grandes ojos,
no entendía lo que pasaba;
ese extraño que a sus pies estaba,
decía cosas que su mente no captaba.
-Déjame quererte, amarte, adorarte;
te doy mi sangre, bebe de mi,
sórbeme el alma- el suplicaba.
Y ella, estaba tan asustada;
algo, dentro de su ser se ablandaba.
No sabía de que se trataba;
ese hombre su mundo alteraba,
de su letargo la despertaba.
-Vuelve hacia mi tu mirada, háblame;
dime que tu también me amas,
dime que no eres un sueño- el imploraba.
-Es verdad- por fin ella le habló
-No sé que es lo que me pasa;
has llegado justo,
cuando más lo necesitaba.
¿Esto es amor? No lo sé,
pero quédate a mi lado.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario